Sigmund Freud Jacques Lacan Antonin Artaud Susan Sontag Simone de Beauvoir Claude Lévi Strauss Arthur Rimbaud Friedrich Nietzsche Jacques Derrida Hanna Arendt Cocteau, Jean François Marie Arouet Voltaire André Malraux

ESCRITOS

UNA LECTURA ACOTADA DE LA IDENTIFICACIÓN EN FREUD Y LACAN

Debo confesar que ha llegado a mis oídos y pensaba hablar de ello..., pero, preocupado por mis asuntos, se me olvidó...
Teseo, Sueño de una noche de verano
William Shakespeare


1 – LA CUESTIÓN DE LA IDENTIFICACIÓN EN FREUD

Un recorrido conceptual sobre la identificación en la obra de Freud y Lacan necesita de una cierta limitación cronológica y temática, habida cuenta de numerosos (y prescindibles, como afirma Harari), trabajos realizados en tal sentido.

Procuraremos situar nuestro abordaje: leeremos en Freud el Capítulo VII de "Psicología de las masas y análisis del yo" de 1921, que se titula" La identificación", para luego reelaborar sus conclusiones desde el Seminario IX, nombrado de igual manera por Jacques Lacan, en 1960-61.

Añadiremos también perspectivas de lectura de otros momentos de la obra de los mismos ("Duelo y Melancolía", "Interpretación de los sueños" y "El yo y el ello" en uno, "Los escritos técnicos de Freud", "De un otro al Otro" y "El yo en la teoría de Freud y en la técnica analítica" en otro), para establecer una dirección de análisis que procure alumbrar nuestra búsqueda.

El texto de "Psicología de las masas y análisis del yo", que pareciera servir a una puesta en concepto de la identificación, esta en cercanía teórica con "Introducción al narcismo", momento en que Freud procede a discutir con amplitud la instancia psíquica denominada yo hasta el momento, afinando las nociones de yo ideal y de ideal del yo.

Se ocupa de situar la noción de identificación, procurando despejar con una precisión mayor este proceso de formación del yo, de manera tal que afirma que junto a la investidura libidinal de los objetos, existen otras formas de enlace, asegurando por la vía de la desexualización la persistencia del lazo social.

La identificación es introducida en "Psicología de las masas y análisis del yo", en la primera frase, como "la más temprana exteriorización del enlace afectivo a otra persona", la que "Desempeña un papel en la prehistoria del complejo de Edipo." (1)

Resulta necesario distinguir entonces:

A – Exteriorización –lo que interroga sobre si hay una existencia de enlace afectivo anterior, o si su antecedencia sólo se lee por sus efectos a posteriori;

B – Enlace afectivo –que plantea sobre la naturaleza del enlace mismo, y de su soporte en el afecto;

C – Otra persona –que sabemos que la "otra persona" dentro de la concepción de la realidad que sostiene Freud, no puede ser sino otra en su propio psiquismo, acorde a la distinción que se lee desde Hegel en Realitat y Wirklichkeit;

D – Complejo de Edipo –su historicidad como mito y como acto.

Estos puntos no constituyen sino el estado actual (para la época de su redacción) de la investigación freudiana, no un resumen teórico ni mucho menos la "posición conceptual" definitiva para el tema en estudio.

Siguiendo el orden de la lectura freudiana, en este texto se anota que la primera forma de identificación despejada, es la identificación con el padre de la prehistoria del complejo de Edipo. Es una forma marcada por la "incorporación", se la especifica para el varón, rubrica "querer-ser-el-padre", y lo instala como ideal. Su efecto principal hay que leerlo en la forma en que prepara al varón para las investiduras de objeto futuras activas y pasivas, heterosexuales y homosexuales, amorosas y odiosas.

La segunda forma de identificación es la neurótica, y es conocida y producida por el psicoanálisis, en el tratamiento de las neurosis. Estas identificaciones constituyen anudamientos complejos, parecen caracterizarse por la apropiación de un "rasgo" del otro (ocupar su lugar, padecer su síntoma, sufrir como él, entre otros).

Este cercenamiento de las cualidades del otro muestra como proceso una regresión de las investiduras de objeto, para asegurar la represión de las mismas. Denominadas por Freud como histéricas, ya que se originan sus ejemplos en pacientes mujeres con ese diagnóstico, son limitadas al extremo, y se sostienen solo de ese rasgo.

La tercera forma de identificación se sostiene, en cambio, con la condición de no existir previamente una ligazón libidinal con la persona copiada. Es esta una nueva vía de formación de síntomas, "uno de los yoes" ha advertido en el otro una importante analogía en un punto determinado (un deseo sexual reprimido, en el ejemplo que ofrece), lo que promueve la aparición de una expresión deformada de ese deseo bajo la influencia de culpabilidad, que hace virar la identificación en sufrimiento, permaneciendo el verdadero motivo, inconsciente.

Concluyendo el capítulo, hace otras observaciones, sobre la identificación en la masa, y sobre la psicosis. En la primera, manifiesta que el individuo de la masa se vincula al caudillo por esta rica vía, la de la identificación, basada en una amplia comunidad afectiva.

Con relación a las psicosis, manifiesta que la investigación psicoanalítica ha podido comprobar la existencia de la identificación en algunos otros casos de difícil interpretación (esto quiere decir que en otros casos no la ha podido comprobar, o que no hay identificación en otros casos?).

Con los análisis de la homosexualidad masculina y de la depresión, casos difíciles, parece encontrar Freud otros lugares de la clínica que necesitan de este concepto para obtener una clarificación mayor, en ambos casos por el camino de la modificación del yo, el primero por una sustitución del objeto por la identificación con él, y en el segundo por una cruel autohumillación del yo, junto a una implacable crítica y amargos reproches.

En "Duelo y Melancolía" (2), podemos leer el tema de la identificación, cuando se ocupa Freud de describir el proceso que ordena una elección de objeto, una ligadura libidinal, y una conmoción posterior de esta ligadura, que aparece como resultado de una decepción, una afrenta real o un desengaño.

Cambiado el destino normal de la libido, no se desplaza a otro objeto, sino que se repliega sobre el yo, pero de una particular manera. Sirve allí "para establecer una identificación del yo con el objeto resignado. La sombra del objeto cayó sobre el yo, quien, en lo sucesivo, puede ser juzgado por una instancia particular como un objeto, el objeto abandonado."

Lo que en un comienzo fue pérdida de objeto, se transforma "en pérdida del yo, y el conflicto entre el yo y la persona amada, en una bipartición entre el yo crítico y el yo alterado por identificación."

Puede trabajarse también respecto a este texto freudiano de "Duelo y melancolía", la ubicación del objeto ausente al sistema significante, la diferente posición, que puede ocupar en la dialéctica del sujeto y el otro. La sombra del objeto caída sobre el objeto a, nos remite por oposición, a que la distancia con el objeto, no puede sino producir un desconocimiento acerca del mismo: el poco de realidad, que se distingue de lo real.

Y si por otro lado, con relación a lo propio del trabajo significante al que hacíamos referencia, el yo como "je", no puede ser sino desconocimiento del objeto como real, y ausencia de la estructura significante de la repetición.

Lacan dice en "La lógica del fantasma" (3), con relación al cogito cartesiano, que el "soy" no es otro en definitiva que el conjunto vacío, puesto que se constituye por no tener ningún elemento, siendo interesante cotejarlo con el enunciado de Freud, acerca de que la conciencia surge en reemplazo de la huella mnémica.

En este Seminario, en lo tocante a la repetición y el acto, dice que la repetición es intrínseca a todo acto, y que ella se ejerce en el seno de la estructura lógica por el efecto de la retroacción de la incidencia significante que es puesta en su centro. Recordamos por ser esencial que esta estructura como estructura significante es solidaria con lo que es el significante; en este caso, que el significante no puede significarse a sí mismo; si la repetición es un saber estructurado, debemos referir que precisa de otro significante para representarse como saber (S2).

En tal seminario citado precedentemente, dice que en el acto, es el único lugar donde el significante tiene la "apariencia" de significarse a sí mismo. Esto permite abrir una vía para pensar el acto, como una posibilidad de evitar la concatenación significante, e implicar a un Otro consistente en la medida de la producción del acto.

En correspondencia a la búsqueda de un signo a que nos somete el principio de placer, esta búsqueda se articula en términos repetitivos, como lo decía Freud: está reglado por el "repetir" la vivencia de satisfacción. Esta búsqueda implica la pérdida de un objeto, una ausencia de objeto. En esta línea es pensable lo que leemos en Duelo y melancolía", como una "presencia" del objeto. Si esta búsqueda se articula necesariamente con una pérdida de objeto, es necesario decir que la pérdida de objeto deviene central en la articulación de la repetición, e incluso, se presenta como dimensión ineludible de la posibilidad misma de la existencia del discurso como vínculo social, o, en términos generales, para la existencia de la cultura.

En el primer momento conceptual (distinto a la primera mención del término, casi regularmente), en "La interpretación de los sueños"(4), Freud sigue en el Capítulo IV, La desfiguración onírica, en su análisis del sueño de la ingeniosa carnicera (bella, según Lacan), la vía de la identificación.

Informa que en este caso, "... la identificación no es simple imitación sino apropiación sobre la base de la misma reivindicación etiológica; expresa un "igual que" y se refiere a algo común que permanece en el inconsciente", con lo que define la "otra escena" de lo psíquico.

Como se trata de la histeria, no duda en afirmar que en ella "... la identificación es usada con la máxima frecuencia para expresar una comunidad sexual".

Se inicia de esta manera un tratamiento progresivo, recurrente, en ocasiones complejo de seguir, del tema identificación en consonancia con la repetición y en la clínica que se lee desde la transferencia.

En el análisis del sueño, dice que "La analogía, la coincidencia y la comunidad son representadas generalmente por el sueño mediante la síntesis, en una unidad, de los elementos que las componen. Cuando esta unidad no existe de antemano en el material del sueño, es creada al efecto. En el primer caso, hablamos de identificación, y en el segundo, deformación mixta. La identificación es utilizada cuando se trata de personas, y la formación mixta, cuando los elementos que han de ser fundidos en una unidad son objetos. No obstante, también quedan constituidas formaciones mixtas de personas. Del mismo modo que éstas, son tratados con frecuencia por el sueño los lugares."

Adelantando la primera precisión sobre el tema que tratamos, dice que "La identificación consiste en que sólo una de las personas enlazadas por una comunidad pasa a ser representada en el contenido manifiesto, quedando las restantes como reprimidas para el sueño. Pero en el sueño, esta persona que encubre las otras entra tanto en aquellas relaciones y situaciones que le son propias como en las correspondientes a cada una de las demás.", ofreciendo límites y formas de tratar la diferencia.

Hablando sobre esta variedad, llamada formación mixta, dice que en ella ... "La participación de la segunda persona puede asimismo quedar representada, en lugar de por rasgos visuales, por los ademanes que se atribuyen a la primera, las palabras que se colocan en sus labios o la situación en que se la incluye. En este último caso, comienza a borrarse la definida diferencia existente entre identificación y formación mixta."

Este pasaje anticipa, hace referencia a la condensacion y el desplazamiento como efecto de la lengua en la elaboracion onirica.

En "El yo y el ello" (5) produce Freud quiza el ultimo tratamiento teorico especifico del tema identificacion, en el que seguimos a Jean Florence en su abordaje.

Al plantearse la problemática de las primeras identificaciones en terminos de "núcleo del yo", Freud alude a una progresiva diferenciacion del ello por efecto de la realidad; este ello estaría ligado a una cierta posición (alucinatoria) del objeto, y merced a un juego de presencia y ausencia -la secuencia fort-da del nieto de Freud, como ejemplo-, exige un trabajo de apropiación de una huella que lo mantedría, por el efecto mismo de su ausencia, como "incorporado", término que leemos estrictamente.

Esta "incorporación" seria el antecedente, la protoforma del yo; se formarían a partir de esta traza originaria las identificaciones primeras, marcando con su presencia la forma y el lugar de las ulteriores.

Tomando la identificación la sucesión de una investidura de objeto, permite conservar la relación abandonada en otra escena, ya que el yo, transformado según el objeto abandonado, se ofrece al ello en sustitución. Este proceso se basa en el abandono del fin sexual anterior, dando lugar a una desexualización, que posteriormente tendra la vía expedita a la sublimación.

El ideal del yo, afirma en este texto, es en primer lugar, el efecto de la primera y más importante identificación del individuo, la identificación al padre de la prehistoria personal, siendo por lo mismo más precoz que cualquier investidura de objeto.

Ahora bien, este ideal del yo, como instancia del superyó, toma función completa con la declinación del Complejo de Edipo, resultado del trabajo de duelo de las identificaciones secundarias, con lo que se instala una estructura con una calificación no unívoca, sino duplicada.

Conservara la profunda ambigüedad de la función de repetir las demandas parentales dirigidas al yo: prohibiciones, censuras, reglas morales, sentido de la realidad, convirtiéndose por esta vía en el "abogado" del ello ante el yo.

Ha sido variada la historia posterior a Freud de la identificación en psicoanálisis, que oscila entre una generalización imprecisa, que la iguala a imitación, la antepone a diferencia, tanto consciente como inconsciente, hasta la aparición de una parafernalia de construcciones analógicas, conocidas después como incorporación, introversión, identificación proyectiva, proyección identificatoria, confusión a la que pocos han sabido resistir.

2 – IDENTIFICACIÓN, SIGNIFICANCIA, OTRO

Despues de esta serie freudiana, no exhaustiva, Lacan produce algunas referencias que tomaremos para continuar, particularmente el Seminario "La identificacion" (6). En ciertas lecturas se prestó mucho mayor atención al Lacan que ponía énfasis en la presencia del significante, que demostraba luego una lingüística y una lógica de ese significante, al Lacan que, a fin de cuentas, poblaba la otra escena de significantes, en desmedro de acompañarlo en su desarrollo por los desfiladeros del goce.

Respecto a un primer período de la obra de Lacan, que puede leerse como el de la "identificación de lo imaginario", apuntamos brevemente que esto se produce a partir de la temprana conceptualización del "estadio del espejo", producto de la percepción temprana por el niño de su cuerpo como completo, sin relación a la información, proveniente del sistema nervioso, en razón de su maduración tardía respecto a la capacidad perceptiva de la imagen. Es decir, hay un anticipo mediante el espejo, de la percepción del cuerpo como completo, anticipo respecto a la posibilidad biológica de percepción interna por la falta de maduración de las vías nerviosas necesarias. Surge así lo imaginario, como alienación a la imagen especular.

En el Seminario "Los escritos técnicos de Freud" (7), encontramos el registro de lo imaginario muy desarrollado, pero este se sitúa en dependencia del registro de lo simbólico. Recién en "El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica" (8), Lacan realiza la incorporación del Gran Otro como lugar de la palabra; dice: "Hay que distinguir, por lo menos, dos otros: uno con una A mayúscula, y otro con una a minúscula que es el yo. En la función de la palabra de quien se trata es del otro." Sin duda que esta introducción que realiza Lacan, refiere al campo del lenguaje como el registro de lo simbólico, que se distingue con claridad del registro de lo imaginario. Estos dos registros, junto al registro de lo real, son los tres registros desde donde Lacan pretende abordar lo que acontece en la experiencia analítica.

En "La tercera", Conferencia de Roma (9), Lacan dice: "Lo simbólico, lo imaginario, y lo real son el enunciado de lo que opera efectivamente en la palabra de ustedes cuando se sitúan en el discurso analítico, cuando son analistas. Pero esos términos sólo emergen verdaderamente para y por ese discurso."

Traemos esta cita de años posteriores, a los fines de despejar anticipadamente la especificidad de un discurso, y los recursos que éste emplea. Esto constituye una aproximación a lo que puede pensarse respecto a una conjunción de los discursos.

Esta introducción del Gran Otro, es realizada para dar cuenta de lo que Lacan había despejado en "Los escritos técnicos de Freud", en el sentido de distinguir el plano de la palabra, a partir de la dimensión de lo inconsciente, del plano de la intersubjetividad a partir de la crítica expresa de Lacan al llamado "psicoanálisis del yo"; que a la luz de lo despejado en la distinción de los registros de lo imaginario, situando al yo en éste; del registro de lo simbólico como el plano de la palabra; este imaginario se encuentra profundamente imbricado con lo simbólico, que lo sostiene; dejando para el registro de lo real, esencialmente el plano de un "real primitivo" que formulaba Lacan en "Los escritos técnicos de Freud", como lo no sujeto a la "behajung", la afirmación primordial.

La introducción de lo simbólico, ordena y hace dependiente al plano de lo imaginario del plano de lo simbólico. No tiene presencia lo real, como el campo del goce excluido de lo simbólico como puede situarse en "El reverso del psicoanálisis".

Esta introducción del Gran Otro, Lacan la realiza correlativamente con el llamado esquema en "Z"; en el cual distingue la línea a-a', como el eje de la relación imaginaria de yo a yo; y la línea de S (Sujeto) y A (Otro), eje que se encuentra interferido por el eje de la relación imaginaria. Es por ello que la irrupción de la palabra plena, que afirmaba en "Los escritos técnicos de Freud", emerge en concurrencia con esta irrupción del plano de lo simbólico como más allá de lo imaginario en la línea S-A, situándose la palabra vacía en el eje imaginario a-a', en la que la palabra no es portadora de la determinación fundamental del Otro del lenguaje y la palabra.

Esto lleva a situar un más allá de la intersubjetividad, en la relación imaginaria, son sustentadas por el Otro del lenguaje, permitiendo situar la experiencia analítica, a partir de la emergencia de la palabra plena, es decir de la palabra que determina al sujeto en su relación al lenguaje, a través de las formaciones del inconsciente, que se ubican más allá de lo imaginario

Lacan en "El yo en la teoría de Freud y la técnica analítica" dice: "El análisis debe apuntar al paso de una verdadera palabra, que reúna al sujeto con otro sujeto, del otro lado del muro del lenguaje. Es la relación última del sujeto con un Otro verdadero, con el Otro que da la respuesta que no se espera, que define el punto terminal del análisis." (10)

Por otro lado, afirma: "Las imágenes cobrarán su sentido en un discurso más vasto, donde se integra toda la historia del sujeto. El sujeto como tal está historizado in extenso. Aquí se juega el análisis: en la frontera entre lo simbólico y lo imaginario." (11)

Jacques Lacan considera que el principio mismo del orden simbólico es lo que él denomina la ley del reconocimiento, ese término de origen hegeliano en que hay un sujeto que quiere ser reconocido por otro. (12) Aún después del discurso de Roma puede reconocérselo como uno de los temas esenciales de los Escritos, al límite de afirmar que el reconocimiento del deseo, marcaría el final del análisis.

En este Seminario "El yo en la teoría de Freud y en la técnica analítica", nos encontramos con esta ley del reconocimiento a partir de la figura del Otro de la palabra. Lo real como goce carece de estatuto. (13)

Aquí advertimos la distinción esencial entre el registro de lo simbólico y el registro de lo imaginario; postulando un sujeto determinado por la impronta del lenguaje, pero arrojado al desconocimiento de la determinación fundamental del lenguaje, a partir del yo como desconocimiento en el registro de lo imaginario; es decir el eje yo-yo', como el plano de la realidad, distinguido del plano de lo real.

Lacan, decíamos, no ha producido todavía a partir de la teorización de la Cosa freudiana, el real como goce, con relación al "ding" freudiano y la pulsión, como lo que escapa a las coordenadas de lo simbólico; que implicará sostener este orden de lo simbólico a partir de una economía en la que cobrará preponderancia lo real, pensable en los términos freudianos del "Proyecto de psicología", cotejado con la dimensión de lo pulsional. Consecuentemente no ha producido este Gran Otro como inconsistente, al que refiere el matema S (A).

Esta dimensión del Gran Otro como inconsistente, no incorporada por Lacan aún, la podemos puntuar con su palabra en el Seminario "El yo en la teoría de Freud y en la técnica analítica", donde dice: "El análisis progresa por la palabra del sujeto en tanto que pasa más allá de la relación dual, y entonces ya nada encuentra a salvo al Otro absoluto, que el sujeto no sabe reconocer. Debe reintegrar en sí esa palabra, esto es, hablarle finalmente al Otro absoluto desde ahí donde está..." (14). Es decir, la regulación se postula fundamentalmente en función de este Otro absoluto como lugar de la palabra verdadera; en el Seminario "La ética del psicoanálisis", la regulación estará planteada en referencia al "ding", como un más allá del significante.

Este Otro absoluto, implica una cierta analogía con la máquina, y precisamente en este Seminario II, Lacan la refiere: "La máquina encarna la actividad simbólica más radical en el hombre..." (15). Esta analogía con la máquina, nos remite a la formulación del Otro como absoluto; el sujeto al ser determinado por este Otro, deviene consistente en el plano de lo simbólico.

Es asimilable la "energética" de este Otro absoluto, a la energética de la máquina, que Lacan en "El reverso del psicoanálisis" referirá la energética de la física, a puras relaciones significantes. La energética con relación al goce, se hace presente a partir de características esencialmente paradojales, como hemos intentado ceñirla en el texto freudiano; el goce como lo que presenta relaciones de exclusión con el significante, a diferencia de la energética, pensables como relaciones simbólicas, en función de las posibilidades que brinda el significante en el discurso matemático.

Dice Lacan en el Seminario "El yo en la teoría de Freud y la técnica analítica" acerca del más allá del principio de placer y la reacción terapéutica negativa: " ...¿Qué es la curación? La realización del sujeto por una palabra que viene de otra parte y lo atraviesa." (16)

En el Seminario III "Las psicosis", marcamos brevemente algunos puntos importantes relacionados con nuestro trabajo. En primer lugar, encontramos con relación a la naturaleza del significante, que éste en cuanto tal no significa nada. Lacan lo expresa en el sentido de la existencia, del significante como de un orden radicalmente diferente al orden de la significación, lo que implica llevar la función significante al lugar de primacía.

Al despejar la función del significante como independiente del significado -o a éste dependiente del significante y no a la inversa-, Lacan encuentra la manera de desasir su discurso del orden de lo imaginario como orden de la significación, llevando al significante en cuanto tal a su función pura, lo que se articula como cadena significante; -en el sentido que el significante sólo puede tomar valor en un conjunto de un sistema de oposiciones, lo que implica introducir la dimensión del distingo como la dimensión propia del significante -que implica que necesariamente debe haber por lo menos dos significantes para que sea posible que puedan funcionar como tales-; y la introducción por parte de Lacan, de un rango diferencial en los significantes, cual es la existencia de un significante primordial.

A propósito, dice que los analistas buscan la significación, que se acredita al analista el no engañarse acerca de la verdadera significación; pero esto es puesto en cuestión por Lacan, destacando la primacía del significante en cuanto tal, es decir la autonomía de las leyes del significante. En lo referente a las psicosis, Lacan intenta dar cuenta de ellas a partir de la función significante: "¿No es concebible, en los sujetos inmedíatamente asequibles que son los psicóticos, considerar las consecuencias de la falta esencial de un significante?" "...diciendo que la psicosis consiste en un agujero, en una falta a nivel del significante." (17)

Cuál es entonces este significante primordial que Lacan introduce en el Seminario "Las psicosis"? El significante del nombre-del-padre, es decir el significante que se trasmite a partir de la estructura del Complejo de Edipo, que permite una relación mediada con lo real a través de lo simbólico, constituyente de la realidad como imaginaria, y deteniendo y fijando la significación. Aquí lo real en Lacan -básicamente-, lo constituye ese agujero en lo simbólico, que es la falta del significante del nombre-del-padre, faltante en la articulación significante. Esencialmente las psicosis se definen a partir de la falta de un significante primordial, que lleva al sujeto al plano de lo real.

En el Seminario VII "La ética del psicoanálisis", Lacan teoriza acerca del objeto perdido freudiano, das ding, la cosa, como lo inasimilable al significante; lo que le permite articular la lógica de lo simbólico y la dimensión del cuerpo a partir del goce como satisfacción de la pulsión; lo que implica articular la dimensión de lo real a partir de la cosa y la pulsión parcial. Lacan formula la lógica del significante en conjunción a la lógica de la corporeidad, situada ésta con relación a la cosa, como más allá del principio de placer: "Más allá del principio de placer aparece ese rostro opaco -tan oscuro que pudo parecerles a algunos la antinomia de todo pensamiento, no sólo biológico, sino incluso simplemente científico -que se llama la pulsión de muerte." (18)

La pulsión de muerte emerge en conexión con das ding, al respecto dice: "No se asombrarán de que les diga que, a nivel de las vorstellungen, la Cosa no sólo no es nada, sino literalmente no está -ella se distingue como ausente, como extranjera." (19) Y es con relación a la Cosa, que se postula como el Soberano Bien, el principio de placer se discierne como la búsqueda de un estado anhelado, de espera: "De algo que siempre está a cierta distancia de la Cosa, aunque está reglado por esa Cosa, la cual está más allá." (20)

Acerca de las paradojas éticas respecto al Soberano Bien que se ubica con relación a das ding, tenemos que éste se define a partir de la interdicción: "... la muerte del padre no abre la vía del goce, que su presencia supuestamente prohibía, sino que refuerza su interdicción." (21). Esto en referencia al desarrollo freudiano de "Tótem y tabú". (22)

Lacan, mediante la Cosa freudiana, esboza la diferenciación básica del campo del goce y el campo del deseo. El primero con relación a das ding, y el segundo al principio de placer y das ding como causa en su búsqueda del objeto perdido. Dice Lacan: "Su uso del bien se resume a que, en suma, éste nos mantiene alejados de nuestro goce." (23), o: "...la verdadera culminación en la que se proyecta la posición del masoquista perverso, es el deseo de reducirse él mismo a esa nada que es el bien, a esa cosa que se trata como un objeto..." (24) Con lo que decimos, que es posible seguir el trazado de la pulsión en conexión a la Cosa.

Esta reunión nueva que Lacan consigna entre lo simbólico y lo real, devendrá necesariamente una consideración diferente al Gran Otro como absoluto, como queda explicitado en el esquema en "Z"; y a partir de las paradojas del goce y la ley como fundada en el Otro: "En ella se desarrolla el signo que les proponía en el grafo bajo la forma de S (A). Ubicándose, como saben dónde, en la parte superior a la izquierda, se indica la respuesta última a la garantía demandada al Otro del sentido de esa Ley articulada en lo más profundo del inconsciente. Si no hay más que falla, el Otro desfallece y el significante es el de su muerte." (25)

Decimos que en este Seminario "La ética del psicoanálisis", lo fundamental del posterior discurso de Lacan, ya estaba establecido, precisamente a partir de este punto de ruptura que supone la conceptualización de la Cosa, que posteriormente será el objeto "a" en su dimensión de real (Lacan propuso primeramente los objetos "a" en un status de elementos imaginarios), como causa de deseo en tanto deseo del Otro y objeto pulsional. Se inaugura con das ding una conceptualización más acabada del campo del goce, como un más allá del principio de placer; que no es sino la incorporación de las paradojas iniciales del discurso freudiano y su progresivo desarrollo.

Esta diferenciación de campos entre goce y deseo, Lacan la elabora más acabadamente con relación al objeto "a" como real, por ejemplo en el seminario "La angustia"; donde marca la diferencia entre el objeto "a" y el objeto narcisista I(a), o revestido por el plano de lo imaginario. Explica que el objeto "a" es la abertura central (hiancia) que separa a nivel sexual el lugar del deseo del lugar del goce, ya que el goce no está prometido al deseo, que éste debe ir a su encuentro, y para encontrarlo, el deseo debe atravesar el fantasma que lo sostiene y lo constituye; es decir, el lugar de la angustia de castración.

Luego se articula este objeto "a" en su dimensión de causa del deseo, mas como causa de algo no efectuado -en razón de la relación causa efecto. El deseo resulta así el producto de la introducción de la ley, que no es sino producto de la entrada del significante, que produce este objeto "a" como resto irreductible del advenimiento del sujeto en el lugar del otro. Es entonces lo real, lo que se opone al significante, este objeto "a" como pedazo "carnal" arrancado al propio sujeto, que opera y circula en el formalismo lógico, haciendo la función de causa.

La castración como concepto articulado como menos fi, es lo que produce esta separación del objeto "a" del cuerpo del otro, deviniendo resto de la operación. Tenemos la dimensión esencial que postula al otro en su dimensión de falla: S (A), articulado en conexión al objeto "a" y el campo del goce.

La problemática a mencionar ahora, es la cuestión de la inconsistencia del otro.

3- LA INCONSISTENCIA DEL OTRO

Lacan en el Seminario "De un Otro al otro" (26), se dedica en extenso a desarrollar en términos lógicos, el problema de la inconsistencia del Otro, partiendo del enunciado "No hay universo del discurso", que ya había señalado en el Seminario "La lógica del fantasma". Dice que en el campo del Otro, no hay posibilidad alguna de entera consistencia del discurso, articulándolo con la posibilidad misma de emergencia de un sujeto.

Dice que si en algún lugar del otro puede ser asegurada la consistencia de lo que se llama verdad, no puede ser sino en el lugar del objeto "a", como el verdadero soporte. El Otro tiene esta falla, que es la de que no puede saberse que contiene, que se postula como una falla del sistema del saber, ya que el sujeto se suspende en la falta de garantía del Otro, ya que el lugar de la verdad es un lugar agujereado. Lacan formula el interrogante si el saber se sabe a sí mismo o es abierto en su estructura, formulando el objeto "a", como lo que representa esta abertura en el Otro en su relación al sujeto. El Otro no encierra ningún saber que pueda presumirse que algún día sea absoluto.

En "La lógica del fantasma", dice que el axioma fundamental es el de la naturaleza de todo significante, que es el no poder significarse a sí mismo; produciendo la conclusión necesaria de que no hay universo del discurso, no hay nada que contenga todo. (27)

El problema de la inconsistencia del Otro, adviene fundamental para intentar articular, en base a esta falla del Otro y del sistema del saber, la realidad del deseo y la pulsión; ambos en derredor del objeto "a".

Fundamentando la inconsistencia del Otro, Lacan en "De un Otro al otro", interroga los teoremas de Frege en los cuales, matemáticamente demuestra la imposibilidad de la entera consistencia de un sistema lógico; pues para sostenerse, es necesaria la formulación de construcciones auxiliares o axiomas que quedan en el plano de lo indemostrable, lo que lleva a que la consistencia de un sistema, se apoya en cláusulas externas al mismo, perdiéndose la garantía de consistencia, manteniendo algo indemostrable en el plano de la consistencia lógica.

Lacan al exponer al Otro como inconsistente, en correspondencia a la definición de significante, como lo que representa a un sujeto para otro significante; despeja que todo significante para poder representarse en razón de no poder significarse a sí mismo, precisa necesariamente de otro significante. Es decir, el saber como S2, necesita para poder significar de otro significante S1; y este otro significante es a su vez un significante que precisa del otro significante; la emergencia de un sujeto es posible en razón de esta falla del sistema significante. Marcamos respecto a la cita precedente, acerca de la dificultad de ser representado por un significante (el sujeto), necesitando al menos dos, pero no dos significantes que representen a un sujeto por sí mismos, sino como efecto de la concatenación de S1 y S2.

Lacan realiza una demostración, apelando a la teoría de los conjuntos partiendo, como decíamos de la definición de significante. E1 conjunto A, para poder representarse, necesita a1 menos otro significante que se debe postular necesariamente como fuera del conjunto A. Es decir, e1 S debe estar fuera del S ; pero si el significante se define por lo poder significarse a sí mismo, es que precisa de otro para hacerlo, pero no ante un sujeto, sino ante otro significante. Estas propiedades del significante son las que permiten la aparición de un sujeto en la concatenación S1-S2, sujeto que surge alienado en el lenguaje, pero en razón de esta concatenación, aparecido a la vez que desaparecido.

En esta línea, cobra dimensión la afirmación acerca de que el sujeto sólo puede alcanzar la certidumbre subjetiva a nivel del objeto; el objeto "a" que surge como pérdida de la operación. Sin el objeto "a", el sujeto carece posibilidad de certidumbre subjetiva, o consistencia fantasmática.

Vemos que Lacan se distancia de cualquier concepción en la que el discurso podría pensarse con posibilidad de cerrarse, ya que su abertura es la característica; es por ello que en "El reverso del psicoanálisis" (28), dirá que el discurso de la matemática se construye en base a una infracción a la ley del significante, cual es la que no puede significarse a sí mismo. A como repetición idéntica a A, en Lacan en el grafo de la cadena significante, en razón de la inconsistencia del Otro, dice que el sujeto demanda garantía o consistencia al Otro, quien por su falla no puede darla; esta demanda adquiere la forma de la pulsión como S D; y al no obtener respuesta, queda arrojado a la metonimia del deseo.

Esta falla en el Otro, permite dibujar el lugar de lo real en el sujeto, a partir de esta topología del Otro; quedando incorporada esta categoría de lo real en la estructura propia del discurso psicoanalítico; a partir de este objeto "a"; objeto en lo real, que se articula con relación a la ausencia de objeto del "Proyecto de psicología" de Freud, o al mismo Seminario "La ética del psicoanálisis" con relación al vacío o vacuola que era das ding.

Esta topología asentada en la inconsistencia del Otro, es la que permite articular el fantasma perverso en concurrencia a la obturación del "a" como el punto de falla del Otro en su consistencia; que representa en el acto perverso, un Otro consistente, mediante la posición subjetiva en el lugar del desecho, lo que permite acercarnos a marcar el trazado de la pulsión con relación al objeto "a", cobrando una nueva dimensión lo que Freud articulaba respecto a las transposiciones de la pulsión en "Pulsiones y destinos de pulsión".

Lacan en el Seminario "De un Otro al otro", distingue la herida narcisista en el plano de lo imaginario, de la herida en tanto producto de la introducción de lo simbólico en un sujeto; como la abertura o hiancia que se produce entre el cuerpo y su goce, por la distancia que introduce la incidencia significante. La incidencia de la marca, lo que denomina el trazo unario. El efecto de pérdida por la concatenación significante, el objeto "a" en el registro de lo real. En "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis" dice: "Aquí es donde yo afirmo el interés del sujeto por su propia esquizia está ligado a lo que la determina -a saber, un objeto privilegiado, surgido de alguna separación primitiva, de alguna automutilación inducida por la proximidad misma de lo real, que en nuestra álgebra se llama objeto a." (29)

En "El reverso del psicoanálisis", dice que esta castración no es supuesta, sino que: "La castración es la operación real introducida por la incidencia del significante, sea el que sea, en la relación del sexo. Y es obvio que determina al padre como ese real imposible que hemos dicho. Se trata ahora de saber que quiere decir esta castración, que no es un fantasma, y de la que resulta que sólo hay causa del deseo como producto de tal operación y que el fantasma domina toda la realidad del deseo, es decir, la ley." (30)

El objeto "a" da pie a la fórmula del fantasma: $ a, un sujeto dividido por efecto del lenguaje, siendo extranjero a su saber inconsciente, y sostenido por este resto de real que es el objeto "a" como objeto perdido, agujero del Otro. Esta articulación en relación a un Otro inconsistente, permite articular la pulsión teniendo como objeto a este objeto "a", en comunidad topológica en relación al deseo y las formaciones del inconsciente, en su dimensión de objeto causa.

En razón de la inconsistencia del Otro, del no poder garantizar al sujeto la garantía de la verdad; el deseo como metonimia de la demanda, permite ubicar la función homeostática del principio de placer, el deseo deviene desconocido en correspondencia al Otro, arrojado a la metonimia significante en búsqueda del señuelo o mascarada, lo que permite situar el falo, como medida del supuesto goce sexual, si la relación sexual existiere.

El plano de la consistencia del Otro, es pensable en lo que atañe a las psicosis, en que se presenta un Otro diferente ante la castración y el objeto "a".

4- IDENTIFICACIÓN Y RASGO UNARIO

Los puntos que hemos desarrollado son propuestos en función de lo que Lacan plantea en su Seminario "La identificación", donde afirma que la coordenada en que debe leerse la identificación es la que enfatiza su estructura significante.

Desvalorizando desde el comienzo la noción freudiana de incorpración, por imprecisa, acentua la característica de lo uno, a partir del cual, toda la serie siguiente se apoyara en su repetición.

La función de lo unario debe remarcarse como la puesta en juego más elemental, y a la vez más indiciaria, del significante; en tanto elemento del conjunto significante, el rasgo unario es pura diferencia, es lo que los otros no son, es el soporte de la alteridad radical, connota la diferencia en estado puro, encarna el imposible de ser el soporte de la diferencia a la vez que está mas allá de las diferencias cualitativas. (31)

Solo a partir del significante, es que puede pensarse la identificación, de tal manera que sin significante, no es posible la dimensión que inaugura el sujeto, dice Lacan, quien ancla este posición en su anterior enunciado "lo inconsciente se estructura como un lenguaje".

La identificación no es sino con un significante, y lo que se identifica es sujeto, de ello resulta que identificarse es hacerlo con la falta en el Otro, y, de ello, dividirse, como apunta Taillandier.

La afirmación que el sujeto no sabe, se convierte en el marco inaugural en que se produce la identificación inicial del sujeto con el significante, sólo que hay que considerar que esta misma operación, la de su falta, es lo que hace sujeto. (32) Qué es entonces la identificación primera, que Lacan se preocupa por alejarla de nociones biológicas? La respuesta está por el camino del agujero en lo real, constitutivo del sujeto en cuanto efecto del significante. (33) El sujeto es precisamente ese menos-uno, clase vacía, e introduce la clase constitutiva de su lugar en lo real.

De allí, y tratando la segunda identificación, dice Lacan que Freud produce el rasgo unario, marcando el ingreso del significante en lo real bajo la forma de la diferencia pura. De esta manera, un objeto falta en su lugar. (34)

Esta puesta en relación la identificación con el rasgo unario, es un descubrimiento freudiano que Lacan reclama como recuperado por su lectura. El "Einziger Zug", que Freud delinea como una de las fuerzas de lo que él llama la identificación, es el lugar en que reside lo esencial del efecto de lo que es para los analistas lo que se llama la repetición, y está ligado de un modo determinante a una consecuencia que Freud designa como objeto perdido. (35)

Es decir, el goce está dirigido a un esfuerzo de encuentro repetido, que ese goce no podría ser reconocido más que por efecto de la marca significante, que Lacan plantea como su forma más elemental, que es el trazo unario. (36)

Este desarrollo de Lacan, es cotejable con lo que Freud discernía acerca de la huella mnémica en el "Proyecto de psicología" en conexión al objeto de la vivencia de satisfacción.

La repetición se articula necesariamente entonces al discurso, como práctica de recuperación de goce, que tiene en el centro de su funcionamiento al goce y la dimensión de la pérdida. (37) El Saber deviene medio de goce, en conexión a la pérdida, como uno de los términos significantes necesarios para operar la pérdida de goce, el objeto "a"; y el saber como S2.

Lacan expresa respecto al efecto de pérdida, que se ubica en la apertura que se produce entre el cuerpo y su goce producto de lo simbólico, que lo que la determina es la incidencia de la marca, el trazo unario.

¿Cuál es la procedencia de ese significante, aquel que representa al sujeto para un otro significante? Dice Lacan que de ninguna parte, porque él no aparece en este lugar, mas que en virtud de la retroeficiencia de la repetición. Es porque el trazo unario apunta a la repetición de un goce, que otro trazo unario surge a posteriori, "nachtraglich" en términos de Freud. Ante estas alusiones de Lacan, marcamos que representa en cierta medida, una puesta en cuestión de lo que articulaba como nombre-del-padre en su función simbólica en "Las psicosis", en consonancia a las formulaciones respecto al padre que hará en "El reverso del psicoanálisis".

Por otro lado, marcamos que el esquema anterior representa una formulación consonante con los esquemas freudianos del retorno de la huella mnémica presentes en el "Proyecto de psicología" y "La interpretación de los sueños".

Lacan postula al otro como un conjunto vacío y su indispensable absorción de un trazo unario bajo la especie de un significante. Esto no se produce mas que por el hecho que en el lugar del S1 hay lo que hay: este goce enigmático atestiguado de que "no se sabe nada de él más que él quiere otro goce. El S1 apunta a la -repetición del goce, pero mediante otro significante, el S2, que se plantea como un saber que trabaja como medio de goce, con relación al goce enigmático de la marca, el S1. Esta repetición del S en el S2, produce la falla en el objeto "a", como el lugar de la pérdida y el lugar de la recuperación bajo la forma de un plus de goce.

Con relación al trazo unario, Lacan en "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis" dice: "En nuestro vocabulario, en cambio simbolizamos con una S tachada ($) al sujeto en tanto constituido como segundo respecto del significante. Para ilustrarlo les recordaré que esto puede presentarse de la manera más simple en el rasgo unario. El primer significante es la muesca con que se marca, por ejemplo, que el sujeto ha matado a un animal, con lo cual ya no se enredará en su memoria cuando haya matado diez más. No tendrá que acordarse de cuál es cuál -los contará a partir de ese rasgo unario." (38)

En ese Seminario, expresa que el rasgo unario no está en el campo primario de la identificación narcisista, y que el campo del otro es lo que determina la función del rasgo unario, en la medida en que por él se inaugura un tiempo mayor de la identificación en la tópica que entonces desarrollaba Freud con relación al Ideal del yo.

El trazo unario es entonces, la primera marca significante en el sujeto; es decir, inaugura la función significante. Lacan la despeja como marca en el cuerpo, la primera marca significante que inaugura la posibilidad del conteo, siendo esta marca la raíz del Ideal del yo. El ser la primera marca, es lo que le permite funcionar como s, en el sentido de significante primero que se repite ante el s; un otro significante que representa en la concatenación, a un sujeto.

Recordamos, que a Freud se le planteaba la dificultad, con relación al retorno de la huella mnémica, si el paso del sistema inconsciente al consciente a traves de lo preconsciente, se producía por una movilidad de la representación inconsciente o un traslado de la conciencia hacia la representación.

Esto que trabajó en "Lo inconsciente" y "El yo y el ello", resolviéndolo a partir de la conexión entre las representaciones cosa y las representaciones palabra, como modalidades propias del trabajo inconsciente y consciente respectivamente, creemos pensable esta problemática, con relación a la concatenación S1-S2 (no en términos absolutos). Este cotejo es pensable, en razón que la repetición a la que apunta el S (huella mnémica inconsciente), se produce con relación al S2, el saber como medio de goce (que puede relacionarse a los objetos de la realidad dependientes del proceso secundario en Freud). Esta función de marca del trazo unario, es lo que le permite funcionar como S1; que en su pura función de marca -al no representarse ante otro significante-, es puro sin sentido.

En "El reverso del psicoanálisis" dice: "La repetición es una denotación precisa de un rasgo que he extraído para ustedes del texto de Freud como idéntico al rasgo unario, un palote, un elemento de la escritura, un rasgo en tanto conmemora una irrupción del goce." (39) "Así, el significante se articula representando a un sujeto ante otro significante. De aquí es de donde partimos para dar sentido a esta repetición inaugural en tanto repetición que apunta al goce." (40)

"Este saber muestra aquí su raíz en el hecho de que, en la repetición, y para empezar bajo la forma del rasgo unario, resulta ser el medio del goce -del goce precisamente en tanto supera los límites impuestos, bajo el término de placer, a las tensiones usuales de la vida. Lo que se manifiesta con este formalismo, para seguir a Lacan, es, como acabamos de decir, que hay pérdida de goce. Y la función del objeto perdido, lo que yo llamo el objeto a, surge en el lugar de la pérdida que introduce la repetición. Qué nos impone todo esto, sino la fórmula de que, en el nivel más elemental, el de la imposición del rasgo unario, el saber que trabaja produce, digamos, una entropía." (41)

Lacan plantea que en el "Más allá del principio del placer", Freud marca esta función de la repetición, que lo que precisa la repetición, es el goce, que se inscribe en una dialéctica del goce, que es propiamente lo que va contra la vida. En la repetición, dice Lacan, hay mengua de goce. "Así se origina en el discurso freudiano la función del objeto perdido. Y ni siquiera es necesario recordar que todo el texto de Freud gira expresamente en torno al masoquismo, concebido únicamente en esta dimensión de búsqueda de un goce ruinoso". (42).

El trazo unario no está en el campo primario de la identificación narcisística, sino en el campo del deseo, en donde existe relación del sujeto con el Otro, dice Lacan, para afirmar que es desde este campo desde donde se determina la función del trazo unario. En este entrecruzamiento, afirma, que el significante unario opera en el campo del lust, de la identificación primaria narcisística, que es a su vez el resorte esencial de la incidencia del ideal del yo.

Estos puntos planteados, de manera inicial e incompleta, pueden leerse articulados en el grafo siguiente, poniendo en relacion los elementos anotados, y otros por trabajar, en términos de la identificación.

Identificación
sinthomal
S (A)

Identificación
absoluta con
el a (suicidio)
(S D)

Identificación
Interversiva
(S a)

d (del otro)
A (+1 +1 +1)
Identificación
-des-identificación
del S con el a
a

S (A)
Identificación con el
con el síntoma
m

i (a)
Identificación con el
otro (especular)
Sucesión de
identificaciones

I (A)
Trazo unario
Identificación al padre

Esta tarea demandaría lecturas adicionales, en especial los textos que nos hablan del último Lacan, en particular el Seminario "Joyce, el sinthome". No abordademos ese punto, acotaremos nuestro trabajo, nos detendremos aquí.

BIBLIOGRAFIA

(1) FREUD, Sigmund. "Psicología de las masas y análisis del yo". Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1979, pág. 99
(2) FREUD, Sigmund. "Duelo y melancolía". Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1979.
(3) LACAN, Jacques. "La lógica del fantasma" Seminario XIV. Inédito
(4) FREUD, Sigmund. "La interpretación de los sueños". Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1979, pág. 168
(5) FREUD, Sigmund. "El yo y el ello". Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1979
(6) LACAN, Jacques. "La identificación". Seminario IX. Inédito
(7) LACAN, Jacques. "Los escritos técnicos de Freud". El Seminario. Libro I. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1986
(8) LACAN, Jacques. El yo en la teoría de Freud y en la técnica analítica. El Seminario. Libro II. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1986, pág. 355
(9) LACAN, Jacques. "La tercera" (Conferencia de Roma)
(10) Idem (8), pág. 165
(11) Idem (8)
(12) Idem (8)
(13) Idem (8)
(14) Idem (8)
(15) Idem (8)
(16) Idem (8)
(17) LACAN, Jacques. "Las psicosis". El Seminario. Libro III. Editorial Paidós. Buenos Aires. 1984, pág. 287
(18) LACAN, Jacques. "La ética del psicoanálisis". El Seminario. Libro VII. Editorial Paidós, Buenos Aires. 1988, pág, l19
(19) Idem (18), pág. 80
(20) Idem (18), pág. 80
(21) Idem (22)
(22) FREUD, Sigmund. "Totem y tabu". Ammorortu Editores. Buenos Aires. 1979
(23) Idem (18), pág. 224
(24) Idem (18), pág. 288
(25) Idem (18), pág. 233
(26) LACAN, Jacques. "De un otro al Otro" Seminario XVI. Inédito
(27) Idem (3)
(28) LACAN, Jacques. "El reverso del Psicoanálisis". El Seminario. Libro XVII. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1992, pág. 94
(29) LACAN, Jacques. "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis". El Seminario. Libro XI. Breve Biblioteca de la Reforma. Barral Editores. 1977, pág. 93
(30) Idem (28), pág. 136
(31) Idem (6)
(32) Idem (6)
(33) Idem (6)
(34) Idem (6)
(35) Idem (6)
(36) Idem (6)
(37) Idem (6)
(38) Idem (36)
(39) Idem (35) pág. 82
(40) Idem (35) pág. 50
(41) Idem (35) pág. 51
(42) Idem (35) pág. 49
(43) Materiales de trabajo. Maestria en Clinica Psicoanalitica Lacaniana. Universidad Nacional de San Luis. 1998