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ESCRITOS

TEORÍA DE LA LIBIDO O DOCTRINA DE LAS PULSIONES: LECTURAS

VICTOR NICOLÁS DOMINGUEZ

Verano del 98

1. Las primeras señales

En su trabajo "Las neuropsicosis de defensa", Freud despliega una concepción donde postula la cura del síntoma por la palabra, la talking cure". La envoltura descifrable del síntoma, que va de representación en representación, es entonces la que va a ser pasible del trabajo de interpretación.

El síntoma, al que se le atribuye un sentido, un sentido para el paciente, tiene una cara que se desarrolla en un lecho de palabras, y esto permite que se lo reduzca en el desplazamiento que se produce de una a otra representación. Esto deja separado el núcleo compulsivo del síntoma, articulado con esa experiencia primaria, no observable, placentera hasta en el dolor.

La ligazón de esta parte compulsiva del síntoma con algo diferente a las representaciones, con algo que funciona corno un resto, es lo que va a permitir el adviento del concepto de pulsión.

En "La Interpretación de los sueños tampoco termina de enunciar esa fuerza última, aunque designa como deseo indestructible, a aquella parte del deseo que se resiste a la interpretación, y que concluirá formulando como el "ombligo" del sueño.

El ombligo se asienta en lo no reconocido, ocupa un lugar de carencia, implica una carencia, en la cadena de representaciones, de una representación, que será luego ligado a la represión primaria.

Lacan retorna esta afirmación freudiana ante una pregunta que se le formula, entendiendo lo "unterdruckuung", como aquello que no cesa de no escribirse.

En "Tres ensayos para una teoría sexual" las psiconeurosis se sostienen en fuerzas pulsionales de carácter sexual. La libido, la energía de la pulsión sexual, es la única fuerza constante, y es en esta fuerza la que sustenta, sostiene los síntomas.

Los síntomas, entonces, proceden de las fuentes de las fuentes de las pulsiones, parciales por definición.

Es decir, que separando las dos caras del síntoma, muestra su carácter de representación, de deslizamiento de sentido -donde destaca su carácter sexual-, por una parte, y manifiesta que es posible interpretar su lenguaje a través de las representaciones. Por otra parte, vincula el síntoma a la pulsión, y comienza a indicar algo de lo no representable, algo que no termina de inscribirse de la pulsión, que recién podrá definir cuando retome la teorización del masoquismo y la reacción terapéutica negativa.

Se va definiendo el síntoma, a medida que avanza la definición de la pulsión, quedando precisado como formación sustitutiva y como satisfacción sustitutiva.

La energía de la pulsión sexual, la libido, es indicada por Freud como la única fuerza constante en las neurosis, y es en esta fuerza que se soportan los síntomas. Estos proceden de las fuentes de las pulsiones parciales -que son parciales por definición-, y son representaciones convertidas de fantasías, y tienen una significación sexual que es posible de descifrar.

La sexualidad se realiza sólo por las pulsiones parciales, que son parciales pues no coinciden con la finalidad biológica de la sexualidad, que es la reproducción; con lo que se satisface sin alcanzar la meta biológica, es decir, merced a no alcanzar su meta es que se satisface.

De esta manera, menciona Freud, la satisfacción sólo puede ser alcanzada, cuando se alcanza la meta de la pulsión; lo expresa así en "Las pulsiones y sus vicisitudes": La meta de una pulsión es en todos los casos la satisfacción que sólo puede alcanzarse cancelando el estado de estimulación de la fuente de la pulsión'.

Es en este trayecto que se introduce la problemática del objeto: si la pulsión anida en su fuente, hace un recorrido y vuelve a la fuente, este camino contornea, recorta el objeto hueco de la pulsión, diseña un vacío en su mismo trayecto.

Esta cuestión del objeto así conceptualizada, rompe de manera radical la completud supuesta de la relación del sujeto y el objeto en la satisfacción de la sexualidad humana, ya que no corresponde el mismo a la satisfacción de la necesidad.

2. Más que un estimulo interno La conceptualización de la pulsión, en el campo freudiano, y los sucesivos cercados y trabajos teóricos a los que ha sido sometido, denuncian un espacio epistemológico complejo, ya que desborda, desde el comienzo, la necesidad teórica de la existencia de un estimulo interno.

En 1905, en "Tres ensayos…", Sigmund Freud formula, por primera vez y de manera inequívoca, una particular lógica de una sexualidad no asociada sino secundariamente a la función reproductiva, ni a los genitales, órganos de marcación de la diferencia sexual.

Esta elaboración conceptual sorprendente, singularmente soterrada tras siglos de sexualidad humana y, como apunta Foucault en "Las palabras y las cosas", "…en un momento en que el hombre se vuelve objeto de su propia investigación científica, es inédita e irrepetible en la historia de las ideas. Quizá no tanto en términos de 'herida narcisística como lo señala la letra freudiana, pero sólo porque esta antecara de la verdad "ya era sabida" por cada sujeto.

Indica el carácter sexual de la pulsión, asentada en la zona erógena, surgiendo en relación a las necesidades vitales, pero cobrando independencia de ellas; así, la pulsión no tiene ningún objetivo en relación a los intereses vitales, ni en relación a los fines sexuales propios de la reproducción.

También, al marcarse la no ligazón de la pulsión a un objeto predeterminado, se establece una diferencia entre el instinto, que está cumpliendo un programa biológico, puesto que se encuentra ligado a un objeto determinado por las características de la especie.

La pulsión queda liberada por esta operación teórica de la necesidad de ajustarse a un objeto, con lo que el mismo se torna singular, heterogéneo. La pulsión entonces puede satisfacerse con cualquier objeto que no sean los genitales, abriéndose aquí la interrogación sobre qué permite enlazar la pulsión a su objeto.

Al no asociarse de manera directa a la genitalidad, se produce una manera nueva de pensar la sexualidad, ya que ésta se realiza sólo a través de la diferencia sexual, pues el camino de la reproducción y perpetuación de la especie está marcado por la polaridad macho/hembra. Este golpe de estado conceptual hace aparecer una sexualidad a la que resulta indiferente la diferencia de los sexos, o una sexualidad asexuada, apoyada en la pulsión parcial y su circuito interior de satisfacción.

La sexualidad independiente de la genitalidad, permite que Freud avance en la teorización de una sexualidad no sólo marcada por "las aberraciones", sino que demarque por la línea de lo normal. Se sirve en realidad de las perversiones, pero logra con los elementos allí producidos explicar la sexualidad normal y patológica.

En "Tres ensayos..." menciona Freud que las zonas rectoras de la sexualidad son el pene en el hombre y el clítoris en la mujer, por su carácter de pene atrofiado. Agregará al mismo trabajo los estadios de desarrollo de la libido, para pasar en 1925 a la formulación del estatuto de primacía del falo, con la existencia de solo un sexo, con las lógicas consecuentes de tener o no tener".

3. La sexualidad La concepción de la sexualidad humana que Freud desarrolla se asienta en una paradoja, que es la de basarla en una asexualización, con la pulsión como elemento teórico, apoyada en una zona erógena, en referencia a lo que denominó apuntalamiento. Esto quiere decir que la pulsión aparece en una zona de borde, en espacios corporales implicados en la relación con el mundo externo, erogeneizados por lo mismo.

Este registro de la pulsión, se inscribe como un estimulo Interno que persigue de manera originaria otra satisfacción, peto la pulsión persigue otra meta, cual es la de la propia satisfacción. Al no coincidir con la finalidad biológica inicial, la pulsión se satisface por no alcanzar su meta, estableciendo una presencia por este registro de la satisfacción, como un límite que hace referencia a un real del cuerpo presente en lo anímico.

La pulsión parcial, dependiente de las zonas erógenas, es lo que conceptualiza Freud en "Tres ensayos". Una satisfacción placentera de un impulso biológico que se postula como parcial, en que la satisfacción de la que se trata puede partir de un órgano o fuente como una cantidad de excitación, y la satisfacción consiste en la cancelación de esa excitación. De aquí se deduce la calificación de "parcial: puede satisfacerse en un circuito propio sin intervención de los órganos genitales, pero asimilable al carácter de satisfacción sexual.

También en el trabajo de 1905 Freud se aplica al estudio de la problemática de la perversión, con lo que advierte la multiplicidad de objetos de satisfacción sexual; esta "desviación" de los fines muestra que la actividad sexual de un sujeto, encuentra su satisfacción en una variabilidad de objetos diferentes a los genitales del sexo opuesto, meta supuesta que definirla la actividad sexual.

Al postular la existencia de esta sexualidad pulsional descifrada de la sexualidad de los perversos, y habiendo advertido la problemática sexual de los pacientes psiconeuróticos bajo tratamiento, Freud avanza atribuyendo esta base perversa a la sexualidad infantil, y en consecuencia a los individuos normales. O sea, instituye el concepto de pulsión parcial como algo propio y general de la sexualidad humana en su conjunto, que tiene una variedad de manifestación en los diferentes sujetos.

Queda entonces la pulsión parcial como perversa en sí misma, e implicada en su propia definición, dado su carácter de no emergencia de su circuito de satisfacción; esto, en sentido que su no sofocación deviene una satisfacción de la pulsión, en relación a un sujeto como perverso.

Cuando Freud afirma el carácter sexual de la pulsión, y al poner como ejemplo de la sexualidad infantil al chupeteo, inscribe por la misma operación a la sexualidad como dependiendo de otro objeto que el genital, en este caso el pecho de la madre. En lo atinente a la sexualidad de la pulsión parcial, la cuestión teórica se presenta en cómo es su relación con la sexualidad genital, que Freud resuelve formulando como la síntesis de las pulsiones parciales al servicio de la reproducción bajo la primada genital.

En verdad se presenta acá una dificultad teórica de la sexualidad freudiana, ya que los términos síntesis de las pulsiones parciales o la referencia a la primacía de lo genital parece necesitar de una elaboración más ajustada. Lo que en "Tres ensayos. . ." Freud enuncia: "Tenemos que lamentar que todavía no pueda alcanzarse un esclarecimiento suficiente sobre los nexos entre satisfacción y excitación sexuales, así como entre la actividad de la zona genital y la de las restantes fuentes de la sexualidad.' Esta dificultad se complejiza más aún con el planteo de la genitalidad basada en el falo."

Queda así establecido el oscuro territorio de la pulsión, que marcará de manera decidida toda la obra freudiana, sometido a permanentes abordajes y reformulaciones, de acuerdo a obstáculos clínicos y teóricos. Aparece la necesidad de un concepto surgido de la misma madera con que se trabaja la sexualidad, para delimitar un nuevo campo, superpuesto, implicado y radicalmente diferenciado: el de una sexualidad no sexual.

Las palabras parecen insuficientes, y el problema críptico; la problemática de la pulsión, colocada en términos de oposición, indicada como razón y causa del conflicto psíquico, muestra la concepción dualista que atraviesa la obra freudiana, que sólo en 1920 se atempera, pero en relación de un desplazamiento del carácter problemático al concepto de pulsión de muerte.

En "Los cuatro conceptos..." Jacques Lacan indica que la pulsión es un montaje a través del cual la sexualidad participa de la vida psíquica, con lo que el abordaje de ese seminario se torna necesario.

4. El objeto

La múltiple variabilidad del objeto, su carácter independiente de lo biológico y su naturaleza disgregable en la sexualidad es el aporte que Freud hace en "Tres ensayos..." de 1905. La existencia de múltiples objetos de satisfacción, se deduce de considerar una diferencia de principio entre la pulsión sexual y objeto sexual, considerados hasta ese momento del orden de la connaturalidad.

El avance de la teoría de la pulsión no puede hacerse sin una consideración acerca del objeto; en Freud, parecen presentarse momentos en que se superpone esta tarea con las precisiones sobre el objeto del deseo, pudiendo decirse que son dos vías de desarrollo del discurso freudiano, que no encuentran total correspondencia.

La cuestión del objeto de la pulsión presenta tratamientos disimiles en Freud y en Lacan; el objeto freudiano es acercado a los objetos de satisfacción existentes en la realidad, por ejemplo el pecho materno como objeto de la pulsión oral. Por lo mismo, puede producirse un cambio de objeto, de modo de trasladarse a otro objeto de la realidad, considerada a esta de un modo general y amplio, pues la pulsión necesita de objetos para su satisfacción, aunque siguiendo la misma vía de elección.

Lacan considera en cambio que el objeto de la pulsión no se encuentra en la realidad, que llamará imaginaria, sino que pertenece al registro de lo real -el único concepto lacaniano, según Juranville-. Esta manera de situar el objeto, y de definirlo como el resto de la operación significante del sujeto, será llamado "objeto a".

Este objeto de lo real como lo que se sustrae de lo simbólico es desarrollado por Lacan a partir del "ding", la "cosa del mundo" que Freud desarrolla en el "Proyecto...", y que era mostrado como el objeto o cosa que se sustraía de la actividad judicativa como resto inasimilable. El "ding" freudiano es un resto que en el proceso del juicio de realidad, no es incorporado, no es asimilable, está perdido como resultado de la "ganancia de realidad" que este proceso comporta.

También debe notarse el objeto freudiano de la "primera vivencia de satisfacción" como un nudo fundacional a partir del cual el objeto deviene ausente. Puede decirse incluso que este objeto se hace presente en la economía del estímulo endógeno y el de incidencia negativa, en el sentido que produce efectos en razón de su estado de ausencia, como recuerdo del objeto a partir del la huella mnémica, y como ausencia pura o agujero que procurará ser ocupado por el objeto de la satisfacción.

Este objeto de satisfacción ausente, se recorta como la emergencia a partir del grado de displacer del estimulo endógeno, definiendo el estado de deseo como un movimiento hacia la descarga como placer. Tanto en el "Proyecto…" como en la "Interpretación de los sueños", Freud indica este proceso como regrediente de la huella mnémica hacia el sistema de percepción. El objeto con el cual puede operarse la descarga, deviene un objeto de la realidad, pero desde la perspectiva del "ding", la realidad misma está en dependencia de la actividad un rastro inasimilable en la misma.

También puede decirse que el objeto, por haberse internado en las vías del deseo, de modo tal que el objeto por hallarse será otro que el perdido o fantaseado.

Luego de la incorporación en "Tres ensayos... de la "vivencia de satisfacción": "Es claro, además, que la acción del niño chupeteador se rige por la búsqueda de un placer -ya vivenciado, y ahora recordado-." "No sin fundamento el hecho de mamar el niño el pecho de su madre se vuelve paradigmático para todo vínculo de amor. El hallazgo del objeto es propiamente un reencuentro. Puede seguirse entonces que la satisfacción de la pulsión se regirla de acuerdo al objeto como ausente, el mismo objeto que el que causa el deseo; además, el objeto "pecho materno" se hace el paradigma de todo vínculo de amor. Se indican dos objetos, en el sentido que existe un objeto prime— ro, y un segundo a partir del primero.

Si el primer objeto se convierte en paradigmático, ¿cuál es la permanencia en lo psíquico de dicho objeto? Por la vía del deseo, encontraríamos a la huella mnémica, pero por el lado de la pulsión, 1.acan postula este "resto" u objeto como "real", como objeto de la pulsión. No es muy precisa esta distinción en Freud, en particular porque en alguna medida deseo y pulsión son homologados, en especial a partir de 1920, con el nuevo dualismo pulsional entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte. Si es distinguible un punto de origen común en cuanto a la vivencia de satisfacción, para el deseo y la pulsión; Lacan lo va a precisar cuando conceptualice el objeto "a", como objeto de la pulsión y como objeto "causa" del deseo.

La conceptualización del objeto en Freud, y en particular en lacan, no sólo suponen un agregado de objetos a la sexualidad; suponen en realidad su reformulación radical, así como una articulación diferente en cuanto a la sexualidad pensada desde lo genital, hacia lo pulsional. Al postular Freud el encuentro con el objeto como un reencuentro, y el vínculo con el pecho materno como paradigma de todo vinculo materno, es posible sostener una sexualidad asentada en la oposición masculina-femenina centrada en la diferencia sexual anatómica, y en Lacan, al plantear en "La tercera", al objeto a como el lugar donde se conecta todo goce, la sexualidad se transforma desde la diferencia de los sexos a una a-sexualidad, representada por el objeto "a".

En "Pulsiones...", Freud expresa que el objeto es aquello en o por medio de lo cual puede alcanzar su meta, la satisfacción. Que es lo más variable y no enlazado originariamente a ella, que no necesariamente debe ser un objeto ajeno, sino que puede ser un objeto del cuerpo propio. Esto debe remarcarse, puesto que Lacan establece una diferencia sustancial respecto al objeto de la pulsión. En relación al objeto pulsional, puede indicarse una cuestión, si los primeros objetos de elección incestuosa, sujetos a la interdicción, como lo indica Freud en "El Yo y el Ello", son los mismos objetos, o lo que cambia es el sujeto que soporta la condición de objeto, o supone esta mudanza fruto de la interdicción del incesto, una modificación del propio objeto.

Este interrogante sirve pata situar la problemática del incesto; si se define por la prohibición del acceso a la madre como primer objeto de amor- para ambos sexos (enunciado así por Freud al tratar el tema en "Sobre la sexualidad femenina"), en el sentido objeto madre como objeto sexual dentro de la serie mujer", o esta prohibición del incesto tiene una implicancia diferente en relación al objeto.

Lacan afirma respecto al objeto pulsional en "Los cuatro conceptos...": "Aquí es donde yo afirmo que el interés del sujeto por su propia esquizia está ligado a lo que la determina -a saber, un objeto privilegiado, surgido de alguna separación primitiva, de alguna automutilación inducida por la aproximación misma de lo real, que en nuestra álgebra se llama objeto a" ." En el Seminario "De un Otro al otro", respecto al seno, el deyecto, la mirada y la voz, postulados como los cuatro objetos "a", los marca como las cuatro desapariciones por las cuales se puede inscribir el sujeto, al ser inasible, al no poder ser representado más que por un representante. O sea, el objeto "a" lacaniano se presenta como el "ding" freudiano que presenta como "la cosa" que no es sexuada, de lo que, la pulsión sexual se define como a-sexual.

"En todo caso, hay algo que nos obliga a distinguir esta satisfacción del puro y simple autoerotismo de la zona erógena, y es el objeto que con demasiada frecuencia confundimos con aquello sobre lo cual se cierra la pulsión -ese objeto que, de hecho, no es más que la presencia de un hueco, de un vacio, que, Según Freud, cualquier objeto puede ocupar, y cuya instancia sólo conocemos en la forma del objeto perdido "a" minúscula. El objeto no es el alimento primigenio, se presenta porque no hay alimento alguno que satisfaga nunca la pulsión oral, a no ser contorneando el objeto eternamente faltante", afirma Lacan.

Es decir, que el objeto pulsional está situado para Lacan en este objeto a, definido como la falta de objeto, y satisfacción de la pulsión se define como ese movimiento en derredor del objeto faltante, como un trayecto de carácter circular. También lo enuncia así : La pulsión puede satisfacerse sin haber alcanzado aquello que, desde el punto de vista de una totalización biológica de la función, satisface supuestamente su fin reproductivo precisamente porque es pulsión parcial , y porque su meta no es otra que este regreso en forma de circuito.

Esta precisión permite articular en relación al objeto, dos dimensiones diversas: el objeto perdido causa del deseo, sujeto a la deriva metonímica, que permite asir el material significante como un resto inasimilable al mismo; y permite situar el circuito de la pulsión, y representar a la sexualidad en comunidad con las formaciones del inconsciente, en el sentido del objeto a como soporte del fantasma.

Desde esta lectura es que pueden pensarse los registros imaginario, simbólico y real: este objeto se sitúa en la relación entre un sujeto y un Otro simbólico, del que el objeto a representa precisamente su punto de falla. Este anudamiento a partir del objeto a se marca en relación a lo real del circuito de la pulsión, de lo simbólico como causa del deseo, y lo imaginario como objeto de amor, o el objeto a revestido imaginariamente como i(a).

Podemos concluir este punto indicando que la pulsión representa la sexualidad, aunque la representa por ser ésta de carácter asexuado. Lacan plantea que la noción de desarrollo de la libido, tiene como centro un mal encuentro, y el mal encuentro central se da en lo sexual. Este mal encuentro se muestra como encuentro fallido con el objeto, por lo que castración y objeto como falta, devienen centrales en la obra lacaniana.

5. El falo

Freud comienza a elaborar una doctrina de la sexualidad apoyada en la pulsión parcial, y a establecer la diferencia de los sexos y la genitalidad a partir de las zonas rectoras del pene en el varón y el clítoris en la niña, por su carácter equivalente. Con los agregados posteriores a "Tres ensayos..." esta construcción da lugar a la teoría fálica, es decir, una genitalidad designada alrededor de la existencia de un solo sexo, que le hace establecer a Freud al falo como premisa universal del pene. Esto es, la inexistencia de dos sexos complementarios, sino la sexualidad centrada en el falo, que se manifiesta en el varón como angustia de castración y en la niña como envidia del pene.

Sostiene además que el órgano femenino específico no se plantea como un órgano complementario anatómico, sino que se presenta como que ha sufrido la pérdida del órgano, el pene. Esta premisa universal inaugura una común medida del goce sexual, el falo, que instaura una lógica totalmente diferente a la complementaria que supondría la existencia de dos sexos, para plantearse el "tener o no tener" como lógica de la diferencia sexual.

En "Análisis terminable e interminable" expresa que el límite del análisis lo constituyen precisamente lo indicado como la angustia de castración y la envidia del pene, de lo que, puede seguirse, de la problemática que marca el falo, no hay cura posible.

La realidad del falo, es lo que permite abordar lo que Lacan enuncia como "no hay relación sexual" -forma lacaniana de nombrar la sexualidad freudiana-, quedando el falo como significante del goce sexual, como común medida para ambos sexos.

En 1923, en "La organización genital infantil...", Freud procura completar la teoría del desarrollo sexual infantil iniciada en "Tres ensayos...", indicando el espacio progresivo que fueron ocupando las "organizaciones pregenitales" del desarrollo sexual. En relación a los dos tiempos de la sexualidad humana, había expresado que esta elección genital se da en la pubertad, o sea en el segundo tiempo; ahora manifiesta que puede hallarse plenamente desplegada, aunque de manera incompleta en el período infantil. La elección en relación a la genitalidad, a la primacía de lo genital, aparece en la pubertad, pero ya en la infancia hay una organización genital.

Lo expresa en estos términos: "El carácter principal de esta organización genital infantil es, al mismo tiempo, se diferencia respecto a la organización genital definitiva del adulto. Reside en que, para ambos sexos, sólo desempeña un papel un genital, el masculino. Por lo tanto, no hay un primado genital, sino un primado del falo."

Estamos entonces en la problemática situada por la letra freudiana, asentada en la pulsión parcial y la primacía del falo, lo que vuelve complejo el establecimiento de una conexión con la genitalidad. Freud mismo advierte en "La predisposición a la neurosis obsesiva" acerca del gobierno de las pulsiones parciales que conforman las organizaciones pregenitales: "El psicoanálisis requiere absolutamente admitir las pulsiones sexuales parciales, las zonas erógenas y la extensión, así ganada, del concepto de 'función sexual' más estrecha."

La dificultad se ubica ahora cuando se intenta articular a la "primacía de los genitales" con la concepción de las pulsiones parciales, ya que la anterior se presentarla como una especie de síntesis. Esta relación es difícil de establecer, pues precisamente el enigma del falo, es el que nos designa el mal encuentro central que constituye la sexualidad, como teoriza Lacan. El nudo de este mal encuentro es el falo, como ausencia de complementariedad entre los sexos, o sea la cita "no hay relación sexual".

En Freud la castración es un límite irreductible, en sus presentaciones como angustia de castración y envidia del pene. Quizá pueden superponerse la genitalidad y el falo, pero puede decirse que la no complementariedad sexual en Freud se lee como una sexualidad posible, con el falo como intermediario.

Esto es, en primer lugar el falo, quiere decir que esta organización genital infantil se diferencia de la adulta en el sentido que en aquella sólo desempeña un lugar un genital, el falo; existe un primado, no de los genitales, sino del como un sólo órgano del sexo. Esta sexualidad fálica es situada por Freud como culminante de la sexualidad infantil, pero, ¿cómo se resuelve el problema del falo en relación a la sexualidad puesta al servicio de la reproducción?

El abordaje de la resolución del "falicismo" o complejo de masculinidad" en la mujer, que hace Freud en "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica", le hace describir allí algunas de las consecuencias de la envidia del pene y la resolución, en el advenimiento de una ubicación femenina en la sexualidad. Manifiesta la presencia de un deslizamiento de la libido de la niña a partir del Complejo de en razón de la ecuación simbólica pene = hijo, a través de cuya acción resigna el deseo del pene para sustituirlo por el deseo de un hijo, y, con ese propósito, toma al padre como objeto de amor. Esto es lo que constituye el inicio de la "sexualidad genital" femenina, sujeta a los avatares del falo; pues incluso el padre como objeto de amor, deviene intermediario del falo, en razón de que el deseo por el padre surge como un subrogado del deseo fálico del tener un hijo con el padre, hijo que sustituye el pene perdido.

En cambio en el varón, el complejo fálico se presenta como sujeto a una interdicción, fundamentalmente sobre el órgano masculino en el sentido de su uso como órgano de goce masturbatorio. En "El malestar de la cultura", en nota a pie de página, Freud afirma: La extinción del fuego mediante la orina era por lo tanto como un acto sexual con un varón, un goce en la potencia viril en la competencia homosexual. Quien primero renunció a este placer y resguardó el fuego pudo llevarlo consigo y someterlo a su servidumbre. Por haber ahogado el fuego de su propia excitación sexual. En "Algunas consecuencias psíquicas..." manifiesta que el onanismo masculino activa el complejo de castración, de allí desciende, y lo sitúa en el entramado del complejo edípico, es decir, con una posición de los objetos parentales tomados como objetos sexuales, O sea que el complejo fálico o el falo, es tomado como un goce prohibido, lo que lo transforma en una incidencia negativa, por lo que lo pone en valor, articulado como ausencia (en la ecuación falo/hijo, por ejemplo).

En el Seminario La angustia, Lacan afirmará respecto a esta supuesta genitalidad, que la entrada en función de la vagina como tal en la función genital, es un mecanismo estrictamente equivalente a cualquier otro mecanismo histérico, afirmando que existen construcciones míticas en derredor al goce vaginal. Freud planteó desde un comienzo la erogenización de la vagina en un segundo tiempo, a partir de la etapa fálica, situando en el clítoris el órgano masturbatorio, con propiedades eréctiles equivalente al pene, con su carácter de tumescencia y detumescencia, como marcas de presencia y ausencia.

El falo resulta así el representante del goce sexual, el representante en relación a un solo sexo, el masculino, pero a la vez presentando a este mismo como interdicto, con lo que la masturbación se muestra como su prohibición.

En La angustia, Lacan menciona también la función sociológica del falo, como el lugar donde se encarna la función más alienante del sujeto en el intercambio social; el sujeto se desliza por él reducido a ser portador del falo, tomándose necesaria la castración en función de una sexualidad socializada, que implica interdicciones, prohibiciones, pero también direcciones y preferencias. El falo funciona entonces articulado a su ausencia, que cobra valor de goce oxigenado en su falta, y la mujer va a tomar este valor cono objeto de goce (sitúa Lacan en "La lógica del fantasma"), designado por el menos fi (-f). Si el omnipotente falo circula, es porque la mujer lo representa, de donde sólo el falo es feliz, no quien lo porta (Lacan en "El reverso del psicoanálisis"): Solo que la teoría freudiana, donde pone el acento es en el que el único que es feliz es el falo, no su portador Incluso cuando, no por oblatividad, sino a la desesperada, lo lleva, al susodicho, al seno de una partenaire que supuestamente está desolada por no ser a su vez portadora. "Por eso, lo que interesa en la investigación analítica, es saber de qué manera, para suplir el goce fálico prohibido, se aporta alguna cosa cuyo origen es definido con algo muy distinto que el goce fálico, con el goce situado, y, si puede decirse así, cuadriculado, por la función del plus de goce." Entonces, intentamos situar en Freud la compleja serie de la pulsión parcial, la etapa fálica y la etapa genital, en la que el falo ocupa la relación de articularse como representante del goce sexual, Y en Lacan, la articulación del falo al plus de goce, o sea, a la pulsión y el objeto a. Se dibuja entonces una sexualidad apoyada en la pulsión parcial y su propio circuito de satisfacción; y la relación sexual, es representada por la ausencia de tal mediante el falo, representante en derredor a un solo sexo.

6. La libido

Los términos libido, pulsión sexual y pulsión de vida forman en Freud un entramado con quizá alguna apariencia de superposición, que es oportuno distinguir. Un obstáculo principal lo constituye el carácter sexual de la pulsión parcial, capaz de satisfacerse con objetos de naturaleza variable; tenemos a la libido como la energía sexual que proviene de la anterior de Freud acerca del estímulo endógeno; y si esta libido es la energía de la sexualidad, no es de determinación sencilla el establecimiento de su relación con el objeto. Es preciso recurrir, entonces, a la conceptualización del objeto a como resto de la operación significante, para hacer una distinción más precisa sobre el objeto de la pulsión sexual parcial y la libido, En "lntroducción al narcisismo" es donde Freud plantea con precisión la investidura libidinal del yo, con lo que distingue en consecuencia la libido objetal. Indica la serie del autoerotismo que remite al objeto pulsional, y el narcisismo en relación a la libidinización del yo. Refiere a un movimiento de analogía con una ameba, que representa una pérdida de distancia entre la pulsión parcial y el objeto por medio del narcisismo.

Aunque parece perder el apoyo al dualismo pulsional entre pulsiones parciales y pulsiones yoicas, introduce la distinción entre libido del objeto y libido yoica. En primer término, sostiene la idea de una libidinización del yo, esto es, el propio yo del sujeto es tomado como objeto sexual, lo que constituye una novedosa manera de presentar el movimiento de la libido y la pulsión parcial en relación a los objetos.

Habla quedado establecido desde "Tres ensayos..." el concepto de autoerotismo, en el que la pulsión no está dirigida a otro objeto, satisfaciéndose en el cuerpo propio, con el eje principal de la satisfacción de la zona erógena, sin definición de objeto sexual. Puede advertirse en este punto una falta de distinción entre el objeto pulsional y las otras dimensiones del objeto indicadas; parece adscribir aquí Freud el carácter de objeto sexual al objeto de la realidad, o al objeto de deseo, pero no al objeto causa.

Freud afirma en "Introducción al narcisismo" la investidura originaria libidinal del yo, cedida después a los objetos; este punto deriva dos vertientes de análisis: en primer lugar, la relación entre autoerotismo y narcisismo, de donde al adscribir Freud todavía a la idea de la pulsión yoica, admite la dificultad de discriminar del yo a la libido yoica y la energía de las pulsiones yoicas, diciendo que desde el comienzo se sitúan juntas, y que solo mediante la investidura de objeto pueden diferenciarse.

Manifiesta respecto a autoerotismo y narcisismo, que es un supuesto necesario que no esté presente desde el comienzo una unidad comparable al yo, sino que debe ser desarrollado. En cambio, las pulsiones autoeróticas son iniciales, primordiales, con independencia del yo. Es el momento que Freud enuncia que algo debe agregarse al autoerotismo, una nueva acción psíquica para que el narcisismo se constituya. La conclusión es que hay una separación plena entre la pulsión parcial y el yo.

La investidura del yo supone entonces, la constitución del mismo en un tiempo l6qico posterior al despliegue autoerótico de las pulsiones parciales. Es decir, hay un corte entre la sexualidad formulada desde la pulsión parcial y el autoerotismo, y la sexualidad formulada desde la libido yoica y la libido objetal; desde el modelo de la ameba que Freud propone, desde la suposición de una investidura yoica originaria, cedida después a los objetos: ... empero, considerada en su fondo, ella persiste, y es a las investiduras de objeto como el cuerpo de una ameba a los seudópodos que emite, Esta es la exposición del movimiento de la libido, sujeto a la constitución del narcisismo, o sea que la relación de la pulsión parcial y el objeto externo, se da con la mediación del narcisismo o yo investido libidinalmente; de otro modo, puede entenderse que la pulsión sexual no establece contacto con el objeto jamás, sino que este se reserva al yo.

Al tratar entonces libido yoica y libido objetal, tendremos que el concepto de libido, en sentido restringido, se sitúa en dependencia al concepto de constitución del yo como objeto de la libido, y la diferencia de la satisfacción pulsional presente en la pulsión parcial y el circuito del autoerotismo. Sin embargo, es necesario decir que Freud lo expresa de manera diferente en Pulsiones y destinos de pulsión, donde asimila autoerotismo y narcisismo.

En el Seminario "La angustia", Lacan dirá que antes del estadio del espejo, que supone la constitución del yo y el registro de lo imaginario, lo que será Ha) • se encuentra en el desorden de los pequeños objetos a, que no se trata de tener o no, y que es este el sentido más profundo del término autoerotismo, como que falta de sí, no del mundo exterior que se falta -el bebé no está aislado del mundo-, sino que falta de sí mismo. Este desorden de los objetos a los refiere al fantasma del cuerpo despedazado en la esquizofrenia, y lo ilustra con las imágenes de Jeronimus Bosch, en El estadio del espejo.

Por lo anterior, puede situarse la libido, como dependiente de la constitución del yo, es decir, en el plano de lo imaginario en el sujeto, quedando oculto el producto de desecho, el objeto a del autoerotismo; esto puede remitirse a Freud, quien lo apunta de muchas maneras en relación al objeto primordial de la satisfacción, con la distinción que se opera entre el objeto de la necesidad y el objeto de la pulsión.

Respecto a la elección del objeto de la libido que realiza Freud, recordamos que puede ser en base al tipo narcisista o según al tipo de apuntalamiento. En relación a este último, la referencia es la mujer nutricia o el hombre protector. Lo remitimos al progresivo reconocimiento por su parte, del carácter de primer objeto a la madre para ambos sexos, que va produciendo una reformulación progresiva del complejo de Edipo, en relación a la problemática del incesto (en "Sobre la sexualidad femenina").

En el Seminario "De un Otro al otro", Lacan indicará que este enamoramiento según el modelo de apuntalamiento, de donde resurge la eclosión de una neurosis, ocurre en el momento preciso de la irrupción de un goce autoerótico, y correlativamente, se produce la positivización del sujeto en cuanto dependencia, anaclitismo. De la anaclisis refiere que toma su esta— tuto, su verdadera relación por definir lo que sitúa en el nivel de la estructura fundamental de la perversión; esto es el juego por el cual el estatuto del Otro se asegura por estar cubierto, colmado, enmascarado por el juego perverso. El objeto a se sitúa como una falla en el Otro simbólico, y la anaclisis se define en relación al objeto a de la pulsión.

En "El yo y el ello", Freud realiza una distinción respecto al "movimiento energético", respecto a una energía proveniente de un acopio libidinal narcisista, que trabaja al servicio del principio del placer en pos de favorecer la descarga. Esta energía es postulada como libido desexualizada. Respecto a las pulsiones parciales, manifiesta que provienen de una fuente erógena particular, pueden donar su intensidad en refuerzo de otras pulsiones parciales de otras fuentes, y que satisfacción de una pulsión puede sustituir la de otra, de lo que deduce una "comunicación" entre pulsiones. Aunque es preciso decir que lo enuncia desde esta energía libre o libido desexualizada, pues, sino, no se sale del atolladero sin esa presuposición.

Por eso entendemos que la posibilidad del desplazamiento de la pulsión parcial, sólo es pensable desde el concepto de libido tal como se formula en "Introducción al narcisismo" y "El yo y el ello", por cuanto se adscribe la pulsión sexual parcial a una zona erógena, que es la fuente de la pulsión; es por lo mismo impensable el desplazamiento de la zona erógena, y su satisfacción mediante la satisfacción de otra pulsión, debido precisamente a que es parcial. El concepto de libido puede ubicarse así en relación al punto de conexión de la pulsión parcial, con la constitución del cuerpo como imaginario; los desplazamientos energéticos suponen al objeto a como causa del deseo, y su metonimia, o, en términos freudianos, el deseo como búsqueda de la identidad de percepción.

La pulsión parcial no entra en contacto con los objetos, haciéndose esto posible en las vías del cuerpo imaginario. En relación al objeto, hay una diferencia entre el objeto autoerótico y el objeto libidinal, ubicando este distingo en el objeto a como real, objeto pulsional definible como autoerótico (en el sentido de satisfacción de la pulsión), que hace nudo como objeto de le pulsión y objeto causa del deseo, y esto en relación al objeto perdido por estructura que Freud articula en el "Proyecto…" en su conexión con la vivencia de satisfacción.

Por otro lado, tenemos al objeto imaginario, el i(a).

No está claramente delimitada en Freud, pero puede decirse que esta libido desexualizada corresponde a la constitución del narcisismo, que es donde ubica este Eros desexualizado como pulsión de vida, como se dijo, la plasticidad de la pulsión sexual parcial no puede sostenerse fácilmente, ya que la misma no puede cesar de hacer su propio circuito que tiende a la satisfacción, a partir de su propio objeto a. Esta plasticidad si puede ser ubicada del lado del i(a), del objeto de amor como imaginario, que supone la constitución del narcisismo, postulado este como homeostasis del nivel libidinal.

¿Dónde ubicar la mayor rigidez del la pulsión de muerte que conceptualiza Freud? Es pensable ubicarla del lado del objeto a no recubierto por el narcisismo, el objeto perdido del cual en la separación como segundo tiempo, en relación al primero de la alienación que Lacan despeja en "Los cuatro conceptos", el sujeto se presenta en una particular relación con este objeto a.

En razón de la no separación, tenemos un sujeto comprometido en la satisfacción pulsional, obturando la pérdida que implica este objeto a separado del sujeto, e inhibiendo a este objeto en la dimensión de causa del deseo; donde se presenta esta plasticidad, a la búsqueda de otro objeto por las vías del significante. La libido se ubica en el punto de cruce de estas dos dimensiones. Del lado de la no plasticidad de la pulsión de muerte, es ubicable la satisfacción pulsional, como diferente a la realidad del deseo. Estos puntos de rigidez pueden ser supuestos como causas que llevan a Freud a postular el concepto de pulsión de muerte, a partir de la compulsión a la repetición, y el masoquismo primario, leídos en la reacción terapéutica negativa. En "El problema económico del masoquismo", el yo del sujeto es mostrado como atrapado en una satisfacción masoquista "silenciosa" que se muestra renuente a abandonar.

En lo que hace a las dimensiones del objeto, marcamos lo que expresa Freud en "Duelo y melancolía", respecto a la erección de un objeto en el yo, que se distingue de los objetos de amor pasibles del trabajo de duelo.

En "Los cuatro conceptos..." Lacan manifiesta que la libido es la presencia efectiva del deseo, y la presenta de una particular maneras afirma que es un órgano, que debe concebirse en los dos sentidos del término, órgano como parte de un organismo, y órgano-instrumento. A la vez, lo distingue como inasible o como falso órgano, designándolo "laminilla", que presenta la característica de no existir, sin que por ello deje de ser un órgano.

La laminilla se presenta como órgano de la pulsión parcial, único lugar donde puede aprehenderse la sexualidad: "la laminilla es una cosa extraplana que se desplaza como la ameba, sólo que el asunto es un poco más complicado. Pero es algo que anda por todas partes., Y como algo que está relacionado con lo que el ser sexuado pierde en la sexualidad... es como la ameba respecto de los seres sexuados, es inmortal", "Es la libido como puro instinto de vida, es decir, de vida inmortal", "Es justamente lo que se le sustrae al ser viviente por estar sometido al ciclo de reproducción sexual. Y de esto son los representantes todas las formas numerables del objeto "a". "La relación con el Otro hace surgir, para nosotros, lo que representa la laminilla, no la polaridad sexuada, la relación de lo masculino con lo femenino, sino la relación del sujeto viviente con lo que pierde por tener que pasar por el ciclo sexual para reproducirse."

Aunque de difícil comprensión, estas afirmaciones de Lacan permiten pensar, a través de la libido en su carácter de órgano de la pulsión-, la relación de la pulsión parcial con los objetos de la realidad. Esto, por cuanto la libido se sitúa en dependencia de la castración, por una parte, es decir, la separación de los objetos a en relación al Otro simbólico; por otra parte, sitúa la libido en este campo de la sexualidad que se ubica en relación a los objetos a y no en la paridad masculino-femenino.

Estos se hace dependiente del planteo que la pulsión genital no existe, y en su lugar se ubica la libido. Para constituirse, refiere lacan en este seminario, debe hacerlo en otro campo que el de la pulsión, el campo del Otro. Es este el lugar en el que la pulsión ocupa el lugar de representar la sexualidad, por cuanto el campo del Otro simbólico, dependiendo del significante, es, como Lacan anota en "De un otro al otro" una explanada barrida de goce. El órgano de la libido, la laminilla, es lo que permite enlazar el inconsciente y la pulsión.

7. i.ono—sexual

Desde el inicio mismo de su teorización, Freud consideró central establecer una estricta diferenciación entre un campo sexual y un campo no-sexual, poniendo al síntoma como resultado de un conflicto entre ambos. La sexualidad por él despejada, en su compleja articulación de las pulsiones sexuales parciales y el falo, el conflicto entre ambos campos, es referida a esa especial paradoja.

En los inicios de su temprana experiencia clínica con los histéricos, Freud vislumbró dos de sus características principales, en el sentido de despejar el rasgo de representación reprimida, y el contenido sexual de la misma; así determina el conflicto psíquico, que enmarca todo su trabajo de producción teórica.

Este carácter conflictivo del campo sexual, puede leerse en distintos momentos de la obra freudiana. En "Tres ensayos...", hablaba de "los diques psíquicos" en relación a la sexualidad, tales como el asco, la vergüenza, los valores de la cultura. Este carácter de defensa ante la sexualidad fue progresivamente transformándose en intereses "yoicos", de "autoconservación", hasta que plantea en 1910 la distinción entre pulsiones sexuales y pulsiones yoicas en "Trastornos psicógenos de la visión según el psicoanálisis".

Sostuvo siempre Freud la necesidad de sostener una perspectiva dualista de la teoría psicoanalítica, que le evitara caer en un monismo como al que arriba Jung, a partir de concebir a la libido como el interés psíquico general, deslizándose la noción de conflicto. No obstante, el dualismo fue difícil de sostener luego de la introducción del concepto de narcisismo, en el que el campo no sexual se desdibuja por completo, al no sostenerse con claridad la instancia yoica carente (le sexualidad, que pudiera contraponerse a las conflictivas pulsiones sexuales parciales. Este punto tendrá una reformulación clave en "Más allá del principio del placer" y obras posteriores. Respecto a la sexualidad que se reprime, en "Fragmento de análisis de un caso de histeria", expresa: 'Yo llamarla histérica, sin vacilar, a toda persona, seo o no capaz de producir síntomas somáticos, en quien en una ocasión de excitación sexual provoca predominante o exclusivamente sentimientos de displacer.' En el Caso Dora, Freud pretende adscribir la génesis del síntoma histérico a partir del supuesto beso arrancado por el Sr. K., con lo que especula que Dora advirtió la erección de quien la cortejaba, produciéndose con eso la concurrencia de elementos que debían a su vez excitar a Dora. Su represión sexual transforma esta excitación en síntoma, luego de una reacción de asco (displacer) alojada precisamente en el lugar de contacto con la mucosa labial (asco), y respecto a la percepción del miembro erecto, un desplazamiento desde la zona corporal donde sintió el contacto, hacia el tórax, que se expresa como sofocación.

Sin duda el fenómeno histérico representa un desencuentro con la realidad sexual, aunque quedan como interrogantes cuáles son los objetos de esta realidad sexual, en términos de lo que hemos anotado antes. La excitación de Dora, que retorna como síntoma, no se agota en una respuesta a la erección del Sr. K.; Freud mismo alude a ello en relación al juego del objeto pulsional por un lado y al falo por otro, para intentar componer el cuadro de esta histeria.

En relación al objeto pulsional, alude a la actividad chupeteadora de Dora; de lo segundo, su actividad masturbatoria, subrogada como enuresis. En "Trastornos psicógenos de la visión...", Freud intenta demostrar también el carácter sexual de su etiología. A esta le asocia el carácter de la represión por la fuerza actuante de la pulsión parcial, es decir que el órgano ojo se sustrae del control consciente (presentiticado en este caso por el gobierno de las pulsiones yoicas), en función del sentido sexual que representa el "ver. En este texto se del imitan dos campos con claridad: el campo sexual representado por las pulsiones sexuales, y el campo no-sexual, representado por las pulsiones yoicas. No son introducidos en este texto, pero si delimita con precisión la pulsión yoica, por una parte, y por otra trata del campo de la visión, donde se presenta como más difícil la aprehensión del control consciente del mirar, y, además, por ser "la mirada" un objeto de presencia constante en Freud. Si bien no es precisado conceptualmente de manera explícita, será el material con el que Lacan forjará su enunciado de uno de los cuatro objetos a.

Freud distingue, en base a la diferenciación entre hambre y amor, que los órganos y sistemas de órganos están al servicio tanto de las pulsiones sexuales como de las yoicas. En el caso del ojo, puede decirse que no sólo percibe las alteraciones del mundo exterior, sino las propiedades de los objetos, por medio de los cuales éstos son elevados a la condición de objetos de la elección amorosa, sus "encantos", al decir freudiano. Plantea también que no es posible servir a ambos intereses al mismo tiempo; mientras más poderoso sea el vinculo de una de las pulsiones con el órgano, tanto más éste se rehusará a servir a la otra.

El punto central parece marcarse en torno a la sofocación o represión de la pulsión parcial; en este caso, sería la pulsión de ver, aunque el interrogante es nuevamente sobre el objeto que está en juego. En particular en la vía del deseo en relación al objeto que hace de causa del mismo, el objeto perdido como tal, que hace que los objetos de la realidad sean otros que el objeto anhelado. Situamos en este objeto ausente u objeto a, puro hueco, o ausencia de objeto, al objeto pulsional. Lacan realiza la distinción entre el objeto a como real, y el objeto i(a) como objeto de amor, imaginario.

Una manera de intentar comprender esta problemática en Freud, consiste en plantear estas vías divergentes de difícil reunión: el deseo, la pulsión y el síntoma.

Hemos anotado, Freud no parece distinguir en más de un momento entre objeto pulsional y objeto de amor, aunque el objeto de la pulsión es un objeto de la realidad con la que la misma se satisface... A partir de esta distinción, lo que Freud designa como la facultad del órgano de percibir los encantos sexuales del objeto, sería el objeto como objeto de amor, es decir, que está implicando la ocultación del objeto mirada u objeto a en el campo escópico, a través del revestimiento imaginario del objeto, condición para que éste advenga objeto de amor, el i(a) de Lacan.

Esta no clara diferenciación del objeto pulsional y del objeto de amor en Freud, es lo que causa dificultades de lectura en ciertos textos; y es lo que hace que siga recurriendo a nociones explicativas como el carácter de la fuerza constitucional de las pulsiones, en relación a la represión y el síntoma.

Es más preciso situar el problema alrededor de la distinción entre dos dimensiones del objeto, el objeto a y el i(a). Así se puede ubicar en este caso el objeto mirada a, presente en los trastornos psicógenos de la visión, en el sentido de la formación del i(a) como objeto de amor —que supone la constitución del narcisismo-, implica la pérdida o separación de este objeto a, y su no caída supone entonces la no caída del campo de la sexualidad, recordando que la sexualidad se asienta o es representada por la pulsión sexual parcial.

La existencia de un campo sexual y uno no-sexual imprescindible en Freud, se hace más inteligible a partir a partir de esta diferencia en la presentación del objeto como o i(a), siendo este i(a) correlativo a la calda del campo de la sexualidad, que supone, a su vez, al deseo como reprimido en el sentido del objeto que opera como causa despejado del campo de la realidad. El síntoma, la ceguera en este caso, la ubicamos del lado del objeto a. como Freud lo plantea, del lado de la pulsión parcial, del real en juego de la satisfacción y al lazo con el objeto de desecho en el campo escópico, el a mirada, que mediante el síntoma implica al sujeto en su satisfacción. Esta mirada que se diferencia del campo de la visión, como manifiesta Freud en relación a la utilidad de la y su subordinación a los intereses de autoconservación vehiculizados por las pulsiones yoicas.

Esta aproximación a las dimensiones del objeto y a la distinción entre el objeto de la pulsión y objeto de amor, la mostraremos en relación a la problemática de la pulsión, la libido y el amor. Coso mencionamos, la forma en que Freud presenta el conflicto psíquico sufre un vuelco importante a partir de "Más allá del principio del placer" de 1920; la libidinización del yo, producto del narcisismo, hace perder la posibilidad de inscribir el conflicto en relación al campo sexual y no-sexual, a partir de las pulsiones yoicas y sexuales).

En "El yo y el eIlo", Freud afirma que se establece una mudanza entre una primitiva libido de objeto en libido narcisista, implicando en este proceso una desexualización o calda de la sexualidad, es decir, que esta se asocia a la caída de un objeto original. Refiere a la idea de un conmutador psíquico", como una energía desplazable que puede tratarse de libido o Eros desexualizado al servicio del principio del placer: "Si esta energía de desplazamiento es libido desexualizada, es licito llamarla también sublimada, pues seguirla perseverando en el propósito principal de Eros...", siendo lo principal que esta libido desexualizada depende del yo como libido narcisista, y esta desexualización implica una calda de la meta sexual.

Manifiesta también que la problemática de la irrupción del contenido inconsciente en la conciencia, postulando que lo inconsciente no deja de serlo, sino que la conexión se establece mediante las representaciones--palabra. En el tratamiento analítico, más que desalojar lo inconsciente, se trata de realizar la conexión entre las representaciones-cosa inconscientes y las representaciones-palabra.

En varios lugares plantea Freud al síntoma como una pérdida de realidad. Si el síntoma se define por ser una represión fracasada, en el sentido que esta tiene una presencia en lo inconsciente, y es de carácter sexual y en relación a la caída de la sexualidad, tenemos que el síntoma se plantea como una no caída del campo de la sexualidad. En relación al objeto a, lo situamos como causa del deseo, en relación al esquema de la traducción del sistema inconsciente al sistema consciente tal como lo expresa Freud. Puede leerse como que la emergencia del síntoma, supone la presencia efectiva de la sexualidad en el sistema consciente o el yo; o como lo plantea Freud en relación al objeto: "Si un objeto sexual es resignado, porque parece que debe serlo o porque no hay otro remedio, no es raro que a cambio sobrevenga la alteración del yo que es preciso describir como erección del objeto en el yo, lo mismo que en la melancolía."

Es decir que en relación al objeto a desecho, de alguna manera se hace presente en relación al yo como satisfacción pulsional; que en la faz del deseo se implica este objeto como ausente de la realidad, o sea, como i(a) u objeto imaginario. Tenemos que la no caída del objeto en la realidad, deviene que el objeto de la pulsión se instala en el yo, implicando a este, en consecuencia, en la satisfacción de la pulsión.

El objeto imaginario implica entonces la pérdida del campo de la sexualidad, quedando anudado el deseo y su objeto en la dimensión inconsciente, tal como se proponía Freud en La interpretación de los Sueños", de lo que resulta el síntoma un compromiso- entre la no represión o no caída de la sexualidad en el campo de la realidad-.

En "El problema económico del masoquismo", Freud adscribe al sentimiento inconsciente de culpa que participa en el masoquismo primario, por un lado al superyó un carácter torturador pero implicando en el mismo carácter ruidoso, la silenciosa satisfacción masoquista del yo.

Lacan, respecto a la perversión, menciona que el sujeto ocupa el lugar de desecho que designa el objeto a; esta satisfacción masoquista del yo, Freud la asigna a una resexualización del complejo de Edipo, con lo que nos permite referir este objeto pulsional en la serie de los primeros objetos incestuosos que son reanimados por el masoquismo moral. Resulta una pérdida de realidad en cuanto al i(a) pero obteniendo la ganancia del objeto a, en el cual la sexualidad emerge en el yo como síntoma, o incluso como perversión, como se describe en "Pulsiones y destinos de pulsión". En este masoquismo oculto, es que Freud lee la pulsión de muerte como nudo del suceder psíquico.



Bibliografía

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